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La Crónica

El fantasma de JAIME GARZÓN que asustaba a CARLOS CASTAÑO

Redacción

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El día que le notificaron que «la vuelta de Betún» había salido bien, el jefe paramilitar CARLOS CASTAÑO celebró con Wisky 18 años. «Betún», era el remoquete con el que el entonces capo de las Autodefensas se refería al humorista y periodista JAIME GARZÓN. El negro «Elkin» era un sanguinario sicario de la banda La Terraza, a quien Castaño, personalmente, confío la ejecutoria del plan criminal.

Ese día, CASTAÑO se encontraba refugiado en una de sus fincas más preciadas, acompañado únicamente del entonces ideólogo político de las Autodefensas, IVÁN ROBERTO DUQUE, alias «Ernesto Báez». En la noche, el capo paramilitar bebió wisky hasta el amanecer, de forma desenfrenada, una de las facetas más aterradoras de su perfil criminal. Según lo relató  DUQUE a la Justicia, cuando CARLOS CASTAÑO bebía, había que pagar «escondederos a peso». Se trataba de faenas que casi siempre terminaban de forma brutal, agresiva. El propio DUQUE fue víctima de una de las iracundas reacciones del jefe paramilitar: un día le pegó con la cacha de su revolver personal en la frente. «Cada que me miro al espejo me acuerdo», suele decir.

Aunque el asesinato de GARZÓN ocurrió en la mañana del 13 de agosto de 1999, CASTAÑO conocería los detalles de ese plan criminal días después, cuando el sicario «Elkin» pudo llamarlo, luego de escapar y mantenerse oculto antes de regresar a Medellín, donde tenía su centro de operaciones y era resguardado por La Terraza. CASTAÑO escuchó atento, visiblemente emocionado, el relato que el asesino le hizo sobre la forma como ejecutó el plan, y especialmente la manera como accionó el gatillo en varias oportunidades contra la humanidad del periodista. «Qué cara puso el betún», le preguntó al asesino.

«Le toque la ventana de la camioneta y le pregunté si era el mismísimo Jaime Garzón, y él me dijo que sí, pensado que le iba a pedir un autógrafo, y ahí fue», le habría relatado el negro «Elkin» a su patrón.

Esa misma noche, CASTAÑO invitó al asesino a su finca a celebrar, así como a los otros dos hombres que lo acompañaron en el ataque sicarial. Quería escuchar más detalles, antes de agradecerles, estrecharles la mano, brindar con ellos y cumplirles con la paga. A «Elkin», le pagó con una de sus fincas. El sicario siempre estuvo enamorado de ese predio, con el que soñaba ser su dueño para celebrar allí rumbas de droga y sexo.  El sueño se le hizo realidad. Unos meses más tarde, «Elkin» recibió la finca y la inauguró con una súper rumba con mujeres, marihuana y perico. Pero ese mismo día sellaría su suerte, por culpa de un craso error que cometió, el único que no podía cometer, algo que para su patrón se constituyó en la pita que lo podría ligar con el magnicidio. Uno de sus crímenes que jamás estaría dispuesto a reconocer. De hecho, CASTAÑO se llevó ese secreto a la tumba.

Cuando CARLOS CASTAÑO quiso saber qué había hecho Elkin con el arma homicida, el sicario siempre le respondió con evasivas. Hasta un día en que, ne medio de una «traba», le confesaría a uno de sus «parceros» de La Terraza que le había vendido el arma automática a un policía. En cuestión de horas el secreto llegó a oídos del jefe paramilitar. Para CASTAÑO, semejante revelación se convirtió en un obsesión enfermiza, consciente de que a través de un arma se puede llegar al autor de un crimen, siguiendo la huella de las vainillas que suelen quedar abandonadas en la escena de un crimen. La orden de Castaño era que le entregaran el arma y el negro Elkin no pudo cumplirle. Ordenó matarlo, más con la intención de borrar esa pista que condujera a los investigadores a su señalamiento como autor intelectual del magnicidio. El sicario podría ser un testigo de cargo. Un peligro ambulante

Y lo mató personalmente según consta en testimonios en poder de la justicia colombiana. Matar personalmente a ciertas personas, era una forma de poner su sello personal, una manera de cerrar capítulos con candado y botar la llave. Pidió que un escuadrón lo secuestrara durante la fiesta de inauguración de la finca. Se lo llevaron y él mismo se encargó de ajusticiarlo con un tiro en la frente, a su mejor estilo: luego de abrazarlo fraternalmente. Los otros sicarios también corrieron la misma suerte. Pero el arma jamás apareció.

Lo odiaba como a nadie

CARLOS CASTAÑO ordenó matar a JAIME GARZÓN, más allá que por sus posturas políticas, por el odio visceral que le tomó por las ridiculizaciones que hacía desde su programa de humor y sátira, en el que muchas veces el blanco era un personaje «paraco» que podría ser el propio CASTAÑO. Pero también jugaron otros factores. Este 14 de agosto cuando se conoció la noticia de la condena de 30 años que un juez dictó contra el ex jefe del DAS JOSÉ MIGUEL NARVÁEZ, quedó claro que varias personas pudieron haberle sembrado intrigas al jefe paramilitar, sembraron la semilla que germinó en el odio y la predisposición contra GARZON. Según las conclusiones, le entregaban información según la cual el humorista era miembro de la guerrilla, cobraba por liberación de secuestrados en poder de las FARC y que también desacreditaba a los altos mandos militares. Uno de tales instigadores fue, según el fallo judicial, el ex director del DAS. A las investigaciones también se han arrimado evidencias e indicios que señalan a otros personajes que «le hablaban al oído» a CASTAÑO y le aconsejaban qué tipo de decisiones tomar. Incluso periodistas, políticos y empresarios antioqueños.

El fantasma de GARZÓN

Cuenta el mismo BÁEZ que luego de la tormenta y el movimiento social de protesta que originó la noticia del asesinato de JAIME GARZÓN, los días y noches de CARLOS CASTAÑO se convirtieron en un infierno. El jefe paramilitar no esperaba que el magnicidio generara tanto rechazo, especialmente después de que las primeras pistas apuntaran hacia él. Los señalamientos lo acorralaron, a tal punto que decidió que en privado y en público negaría  rotundamente cualquier tipo de sindicación. Las implicaciones que el hecho tendría para su imagen en el exterior, podrían ser catastróficas.  Especialmente en Estados Unidos, hacia donde ya miraba ante un posible sometimiento. El complejo de culpa hizo mella en su ego. La orden que dio fue la de borrar toda huella que condujera a su nombre. Negar tajantemente su participación o de las autodefensas, se le volvió un trastorno. En las noches, la mente y el cargo de conciencia también comenzaron a jugarle emboscadas.

Cuenta BÁEZ que a partir de esos momentos fue cuando más confundido lo empezó a ver. Más agresivo lo notó. Más bebedor de Wisky. Se quedaba hasta altas horas de la noche escuchando música clásica y bebiendo licor y a veces fumando marihuana. En las madrugadas, sin siquiera la compañía de sus escoltas, se iba a cumplir largas caminatas por los extensos predios de su finca, huyéndole a las pesadillas. Alguna vez confesó que soñaba con JAIME GARZÓN. Que se le aparecía al lado de la cama y le hablaba. Muchas veces se levantaba de un momento a otro y salía a caminar hasta la entrada de los primeros rayos del sol. La noche lo aterraba. El día lo apaciguaba.

La conciencia empezó a jugarle una mala jugada. BÁEZ cree que parecía como loco. Gritaba más de lo acostumbrado y daba órdenes incoherentes y contradictorias. Se volvió paranoico. Mató incluso a una de las mujeres que más amó en su vida, por cuenta de «chismes» que le llevaron sobre ella, según los cuales era una infiltrada de las FARC. Meses más tarde, otros tres hechos inesperados terminarían por acorralarlo: el pedido de extradición de Estados Unidos, la enfermedad de su última hija que nació con una de esas «enfermedades huérfanas», y la guerra a muerte con su propio hermano y la cúpula del movimiento paramilitar, en plenos diálogos de paz con el gobierno URIBE.

Antes de su desaparición, alcanzó a sacar del país a su última esposa y su hijita enferma, buscando tratamientos médicos especializados en Estados Unidos, a donde llegaron legalmente tras un arreglo «por debajo de la mesa» con las autoridades de ese país. Antes, ya había sacado a otro hijo que tuvo con una reportera judicial, un niño que, según dicen sus allegados, «es la misma estampa de Carlos». La periodista lo visitó una vez en su campamento con la supuesta misión de entrevistarlo, y esa misma noche durmió con él. Luego, seguiría visitándolo en medio de un enamoramiento fugaz, para lo cual otras dos colegas de la reportera la llevaban hasta Cartagena con la «fachada» de un paseo de fin de semana, donde una lancha la recogía para llevarla hasta una de las fincas.

CARLOS CASTAÑO se fue de este mundo arropado con el manto de la impunidad respecto a la autoría intelectual del crimen de JAIME GARZÓN. Murió aislado. Solo. Acribillado, descuartizado y enterrado en una fosa común, como muchas veces lo hicieron sus sicarios de confianza cumpliendo sus órdenes. Atravesado por las balas, sin poder defenderse.

La Justicia colombiana trata ahora de seguir halando el hilo que conduzca hasta los asesores de CARLOS CASTAÑO, los que le hablaban al oído y le aconsejaban matar o secuestrar según el caso, a quienes consideraba sus enemigos. Ya cayó el primero, el señor NARVÁEZ, un considerado «duro» en seguridad privada, estrategia de guerras y expositor de ideas de ultraderecha. La Fiscalía cree tener evidencias de que hay más.

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Las Ferias y Fiestas también «alegran» las arcas de los municipios

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Mientras municipios como Mariquita en el Tolima, el alcalde decidió no celebrar sus tradicionales ferias y fiestas de cumpleaños, por supuestos sobrecostos, otros más pequeños no solo se gozaron estas fechas con orquestas y novilladas, sino que aprovecharon las fechas para aumentar el ingreso de dinero a sus arcas, producto de las ventas de licor, cigarrillo, comida, hospedaje y corridas de toros.

Uno de los fenómenos que más ha llamado la atención de los analistas es el de Cota Cundinamarca, donde este año se dieron el lujo de traer a «Los tigres del Norte», la agrupación de música popular más famosa de México y quizás del mundo. Pese a lo costoso que es traer un grupo de talla internacional a un pueblo, el alcalde del municipio CARLOS JULIO MORENO se la jugó, pero la apuesta le salió perfecta, pues según las sumas y restas posteriores a las fiestas,  el comercio registró algo más de 1.500 millones de pesos en tan solo cuatro días de fiestas.

Según los registros de las autoridades, el municipio fue visitado  por cerca de 50 mil turistas, que se sumaron a los habitantes del pueblo en las celebraciones de la fiesta de la Hortaliza, que incluían presentaciones de otros artistas, corridas, cabalgatas y eventos deportivos y culturales

Carlos Julio Moreno, alcalde de Cota Cundinamarca

Para la mayoría de comerciantes, el alcalde CARLOS JULIO MORENO se lució con las fiestas del 2019, las últimas que él presidirá como mandatario, pues la idea de traer a los Tigres del Norte fue un «hit» y un imán que atrajo a los miles de visitantes que llegaron no solo de la capital del país, sino de municipios vecinos y otros cercanos.

En principio, la idea de traer esa agrupación de tantos kilates generó dudas y temores, pero los resultados le dan la razón al alcalde MORENO, pues Cota volvió a ser noticia nacional positiva y muchas personas lo visitaron por primera vez , quedando gratamente impactadas, más allá de las ganancias económicas que se originaron para el comercio.

«Esta vez se vio mucho orden, mucha autoridad y esto generó seguridad, no se vieron las peleas callejeras de otros ocasiones», dijo el dueño de un almacén de ropa, quien estimó que esta vez vendió en cuatro días lo que normalmente no vende en meses.

Mientras tanto, panaderías, restaurantes, supermercados y heladerías registraron un aumento en ventas superior al 50 porciento, comparado con fechas normales. La economía se reactivó y hasta los recicladores salieron ganando,  pues recogieron casi 300 kilos de aluminio y vidrio.

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COTA, por fin con hospital propio después de 40 años

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Anteriormente era muy común ver a los pacientes de Cota tomar taxis o busetas para irse hasta Bogotá a ser atendidos en las clínicas públicas de la capital del país, pues su municipio, pese a ser uno de los más prósperos del departamento, nunca no ha contado con hospital propio.

Ahora, gracias a la gestión del acalde CARLOS JULIO MORENO, esa pesadilla será cosa del pasado, pues su administración acaba de lograr que el municipio cuente con HOSPITAL PROPIO, gracias a un convenio que el burgomaestre firmó con la gobernación de Cundinamarca, por un valor de 10 mil millones de pesos. Algo que sus antecesores no se habían atrevido a hacer, pese a las promesas de campañas políticas.

Según lo explicó a este portal el propio alcalde MORENO, el convenio consiste en que el municipio aporte 5 mil millones, y la gobernación los otros cinco mil, recursos que garantizan la puesta en marcha del proceso licitatorio, es decir la apertura el pliego de condiciones, con lo que se espera que a finales de este año 2019, esa licitación quede adjudicada.

                                                                        Carlos Julio Moreno, alcalde de Cota

«Una vez se abra la licitación, se comenzará con el diseño y de una con la contratación, después de que se firme el contrato, que se levará de la forma más trasparente posible, para lo cual contaremos con la supervisión de todos los organismos de control del Estado, a los que invitaremos de manera formal», explicó el alcalde MORENO.

El hospital, que llevará el nombre SAN JOSÉ, tendrá una capacidad de atención del 70 por ciento en especialidades médicas, y contará con las más modernas instalaciones ya adecuaciones.

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En Cota Cundinamarca: Agua, agua, agua…

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Como en los tiempos del descubrimiento de América, ahora en pleno siglo XXI podría gritarse: «Agua, agua, agua» en Cota Cundinamarca, donde por fin se cuenta con un gran pozo adicional que ampliará la cobertura del servicio a los miles de habitantes del municipio.

Se trata del Pozo de agua de la Vereda «El Abra», que entró en operación con un caudal de 35 litros por segundo, es decir una gran capacidad de almacenaje y operatividad, que dará solución a uno de los grandes problemas que aquejaban al municipio desde hace más de una década: la escasez del precioso líquido.

Pasaron 12 años para que una administración entendiera y diera las primeras soluciones a la que era considerada por los cotenses como una de las más grandes y preocupantes problemáticas del municipio. El acto de entrega oficial y de inauguración del Pozo, contó con la presencia del acalde CARLOS MORENO, la gestora social LUZ ANGÉLICA MORENO, concejales, secretarios del despacho, funcionarios y particulares.

Como hecho más llamativo se destacó la presencia de un grupo de niños, como símbolo de la pureza del agua y lo que el precioso líquido representa para el futuro del municipio, como en efecto también lo son los infantes. La presencia de los menores le dio el tinte tierno al acto.

Durante el evento, el alcalde MORENO agradeció el apoyo de sus funcionarios y en un emotivo discurso recordó que su despacho trabaja por el futuro de la ciudad, sin importar quién esté al frente de la administración en unos años, cuando el pozo opere plenamente. Lo importante es la comunidad.

«Tendremos agua para todos y por muchos años. El agua es el elemento más importante para la vida y por eso hoy le estamos cumpliendo a Cota», señaló el mandatario.

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