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La Crónica

Por primera vez practican pruebas ADN para encontrar niños perdidos de ARMERO

Juan Carlos Giraldo

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Muchos de los visitantes que cada 13 de noviembre arriban a ARMERO, lo hacen no solo para conmemorar un aniversario más y recordar a los seres queridos que perdieron en la avalancha. Muchos de ellos son padres que buscan a sus hijos, y claro, hijos que buscan a sus padres, porque la necesidad es recíproca. La pesadilla de esa horrible noche perdura 32 años después para esos padres y esos hijos.

Increíblemente, solo ahora, tres décadas después, comenzaron a practicarse las primeras pruebas ADN. En principio, algunos pocos sometieron su sangre al exámen. Los que aún no han perdido la esperanza de saber si sus hijos murieron, o si fueron entregados en adopción a holandeses, suizos, belgas o españoles, los extranjeros que, en su mayoría, aprovecharon el desorden institucional provocado por la gran tragedia y se llevaron a los niños, especialmente los que quedaron heridos recuperándose en hospitales. Mientras los procesos de adopción se llevaban a cabo, de la manera más sencilla y favorable a los intereses de los adoptantes, los padres biológicos luchaban contra la muerte en clínicas regadas por los pueblos vecinos, sin saber lo que pasaba a sus espaldas. Sin poder hacer nada para evitarlo.

Cámara: Yohana Ramírez
Jaime Guzmán, director del Museo “Memorial de Armero”, habló con Chivas y Crónicas sobre las pruebas ADN

Este primer ensayo de identificación científica se llevó a cabo en el mismo sitio de la tragedia, a donde llegaron cientos de familiares de las víctimas a rezarle a las almas que, según se cree, deambulan en descanso eterno por el declarado Camposanto. Las paredes de las casas en ruina parecen sembradas, como las matas que brotan del suelo, un suelo que para siempre quedó mezclado con la lava que vomitó el Volcán del Ruiz. Nadie tiene una respuesta satisfactoria sobre la suerte de eso niños. Y lo que es peor: ninguna autoridad oficial dedicó sus esfuerzos a recoger los archivos de esas adopciones “a dedo” que arrancaron para siempre a los hijos de los brazos de sus padres. Se los quitaron dos veces: la naturaleza primero, luego la desidia del Estado.

La esperanza es que gracias a la Fundación “Armando Armero”, el próximo año, y los próximos años, ya haya una respuesta más tranquilizadora. Que por lo menos uno, un solo padre, pueda saber dónde está su hijo, dónde y con quién vive, cómo se llama, y qué ha sido de él.

La Crónica

El comedor comunitario que resocializa a excombatientes en Barranca

Redacción

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Miraflores fue uno de los barrios más afectados por la violencia que azotó a Barrancabermeja durante casi tres décadas. Primero la guerrilla, luego los “paras” y más tarde las “Bacrim”. Cientos de muertos quedaron tendidos en las calles de esta comuna, aunque es esperanzador reconocer que cientos también sobrevivieron. Un grupo de esos “supervivientes” se acomoda casi todos los días sobre un escaño de tabla, detrás de un matorral de guadua, a pocos metros del comedor comunitario “Del lado de la gente”, una bodega remodelada que hace esas mismas décadas sirvió de refugio a sicarios y matones y que después funcionó como una especie de “antro”, “olla”, en donde se expedía droga y posiblemente se planeaban crímenes.

Hoy es un restaurante al que a diario acuden cientos de humildes habitantes de este aún deprimido sector del puerto petrolero a calmar el hambre. Unos, pagando apenas dos mil pesos, otros gratis. Como sea, reciben un buen plato de sopa con hueso, una bandeja con arroz, ensalada, principio y una presa de pollo o carne de res o cerdo, además de la sobremesa, que casi siempre es limonada de panela. Suficiente para calmar tantas hambres represadas en horas, días y hasta semanas.

Los testimonios que el equipo periodístico de “Chivas y Crónicas” escuchó de primera mano, son tan aterradores como alentadores. Aunque son recuerdos llenos de terror y muerte hasta provocar  lágrimas, también llegan cargados de esperanza, de sueños de un futuro, de un presente mejor, por lo menos ya sin guerra. Estos muchachos acomodados en el escaño de madera, dan gracias a Dios por poder almorzar, y no solo por poder hacerlo gratis. Por poder hacerlo en paz.

“Nosotros hicimos parte de la guerra que en este mismo lugar se libraba hace unos veinte años. Cada uno por su lado, ellos en las autodefensa, nosotros en la guerrilla. Ahora estamos juntos, unidos, viviendo en paz y trabajando por este barrio”, dice uno de ellos, un muchacho de unos 25 años, alto, desgarbado y de piel curtida.

Otro que parece más joven, lleva los brazos llenos de tatuajes, como un libro escrito en la piel  que en vez de letras tiene impresas imágenes que hablan de la guerra con revólveres, de la muerte con calaveras, del amor con corazones y rostros de Cristo y de la Virgen , y de la paz con una paloma.

“A nosotros nos tocó estar del lado que fuera, porque si no, nos mataban, era casi una obligación tomar partido en uno de los dos bandos”, dice, señalando a uno de quien ahora dice que es su mejor amigo, y quien hizo parte de un frente urbano de la guerrilla.

Son casi las dos de la tarde del primer día de septiembre de 2018, una tarde de sol intenso y calor sofocante. Hace brisa. El terreno plano donde fue construido el comedor comunitario “Del otro lado de la gente”, circunda la capilla del barrio, en la parte baja de un cerro coronado por la Virgen la Rosa Mística. Es una montaña bajita con sendero peatonal. Abajo pasa un caño y hay sembrados muchos árboles de mango y más guadua. A un lado, un caminito conecta con el barrio, que aún conserva algunas casas de madera, las originales, fabricadas por las familias colonas que se metieron a las malas a solucionar por su propia cuenta lo que el Estado no quiso: la falta de vivienda. Hoy, el barrio es barrio. Se llama Miraflores, a mucho honor.

Del barrio salen estos muchachos  ex combatientes a almorzar todos los días, entre las doce y las dos de la tarde. Unos pagan cuando pueden, otros lo reciben de caridad. Otros se lo ganan trabajando. Por ejemplo, algunos ayudaron en la remodelación de la bodega, en carpintería y albañilería. Otros prestan vigilancia en las noches.

“Esto es como si fuera de nosotros, por eso lo protegemos, porque no queremos volver a la guerra”, dice el más adulto del grupo, quien combatió en las filas de las autodefensas.

De alguna forma, es una manera de combatir el desempleo, que en el puerto petrolero hace rato alcanza niveles preocupantes, en medio de un clima de denuncias de corrupción oficial. El alcalde de la ciudad está preso con dos procesos penales encima. Como muchos otros municipios de esta parte del país y de los tres departamentos vecinos, Barrancabermeja arrastra ese lastre, esa peste llamada corrupción oficial.

Gracias a Dios y a Yidis

También encontramos a la anfitriona, una muy recordada mujer cuya figura y obra aun están intactas en la memoria reciente de los colombianos. Por sus errores, claro, pero también por sus aciertos. Una más de las víctimas del conflicto, aunque en este caso se trata de una persona que probó de las mieles de esa misma corrupción que ahora quiere combatir: se trata de YIDIS MEDINA, la ex parlamentaria que terminó condenada por el escándalo de  repartija de dádivas ofrecida por el primer gobierno URIBE. Años después la siguen señalando, aunque son más los que le reconocen la valentía de haberse sacudido de ese enjambre de propuestas indecentes y por haberse atrevido  a denunciar, a tiempo, el delito que ella misma cometió y otros que estuvo a punto de cometer.

No es que haya vuelto a la política, de hecho está inhabilitada para hacerlo. Pero sí es na manera de regresar a lo que más le gusta: la labor social. Por eso montó el comedor comunitario, como una forma de resarcir los daños que según ella le pudo haber causado a la sociedad. Parece mentira verla repartiendo bandejas entre las 45 mesas que montó en el comedor, llevando limonadas, atendiendo a ex sicarios, a abuelos abandonados, a jóvenes pobres, a familias enteras que ven en su iniciativa la mejor manera de disfrutar un sábado juntos, a bajo costo y en ambiente de reconcilación.

“El primer día dimos 120 almuerzos y ahora ya vamos en casi 500 diarios”, cuenta YIDIS, con un halo de orgullo y sentimiento del deber cumplido.

 

Explica que todos los días debe preparar cada vez más almuerzos, pues no todos los visitantes tiene los dos mil pesos para pagar. Siempre llegan los que saben que les damos los platos gratis. Hay gente que se conforma con las sobras que dejan los otros, “cuando no nos alcanzan las porciones preparadas para el día”.

“Todavía me vigilan”

Hablar con YIDIS MEDINA obliga a preguntarle por el tema que la perseguirá hasta el final de sus días: el ex presidente ÁLVARO URIBE VÉLEZ, el poderoso personaje a quien ella puso en jaque y prácticamente lo llevó a su primera debacle política.

“Lo único que le pido es que me pida perdón algún día por lo que me hizo. Hace poco uno de sus ministros (Diego Palacio) tuvo que rectificar una de las tantas acusaciones falsas que me han hecho durante años. Esta vez dijeron que yo recibí apoyo del paramilitar MACACO para acusar al uribismo y eso es falso. Al señor ministro le tocó retractarse públicamente y pedirme disculpas porque eso es totalmente falso”, cuenta la señora MEDINA, mientras comienza a llevar la cuentas del día en un cuaderno de escuela.

De los 450 almuerzos vendidos en el día, debe descontar la inversión en el mercado diario, los servicios y el pago de la nómina, en su mayoría mujeres también víctimas de la guerra y la desigualdad social. Las “ganancias” que deja semejante esfuerzo diario al final no superan los 200 mil pesos por jornada, que sirven para pagarle el arriendo a la Iglesia del sector.

“Es pura caridad”, dice.

Pero YIDIS MEDINA podría contar con otro enemigo, aunque ella prefiere no llamarlo como tal. Dice que es un contradictor nada más. Se trata del alcalde del municipio, DARÍO ECHEVERRI, hoy preso por el escándalo de supuestos actos corruptos desplegados para evitar la revocatoria del mandato, una causa en la que la ex parlamentaria tuvo protagonismo.

“Desde le proceso de revocatoria y luego con las investigaciones y decisiones de la Fiscalía, contra mí se ha desplegado una campaña de desprestigio e insultos en redes sociales”, se queja.

En efecto, a través de esas redes sociales no paran de insultarla, de burlarse de su figura maciza y “trosa”. Le dicen “Ballena”, “Cerda”, sin contar con palabras de más calibre y vulgares que le disparan desde ese rifle llamado “Face”. Pero más allá de los insultos, a los que ya se siente acostumbrada, lo que sí le preocupa es el riesgo al que está expuesta su seguridad personal y la de su familia. No solo por el regreso del uribismo al poder, sino por lo que  está pasando en Barrancabermeja. Asegura que se siente perseguida, sospecha que le toman fotos, que la tienen interceptada.

Mientras está rindiendo esta entrevista, señala que desde hace varios días ha sentido la presencia de personas cerca a su lugar de residencia en actitud de toma de fotografías a ella y a las personas con las que habla o las que recibe en su casa. En el restaurante comunitario, se vio obligada a instalar cámaras de seguridad por miedo a sufrir un ataque disfrazado de robo. Pero también le teme a otras cosas:

“No descarto que otra vez quieran hacerme un falso positivo judicial con falsos testigos, como el que me montaron hace varios años y por el cual casi me condenan injustamente a más de 30 años de prisión”, señala.

“Le temo al montaje, pero vivo con la verdad debajo del brazo. Estoy con Dios”.

Después de terminar la jornada, afuera la espera el grupo de muchachos ex combatientes que hoy almorzaron gratis y recibieron una pequeña paga por su trabajo. Ellos la abrazan, le dan un beso en la mejilla y le dan de nuevo las gracias. No solo por calmarles el hambre, también por tenerlos en otro ambiente, el de la paz y la tranquilidad. Incluso, la invitan a que pose con ellos en una foto.

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La Crónica

La extraña enfermedad “del beso” que está mandando a la cama a nuestros deportistas

Luis Felipe Espitia Castiblanco

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Al simpático y admirado querido Esteban Chaves, del equipo Mitchelton – Scott, le tocó ver la Vuelta España desde su cama o una silla de su sala, por culpa de esa rara enfermedad llamada “del beso”, que nada tiene tiene que ver con dar un beso. Simplemente así se le conoce popularmente. Fue e propio equipo australiano el encargado de entregar la noticia oficialmente. Así las cosas, no por culpa de un beso, pero sí por la enfermedad del beso, el popular “Chavito” colombiano no está disputando esta versión de la vuelta ibérica, una de las tres más importantes del mundo  en la que ya ha tenido importante figuración en anteriores disputas.

La extraña enfermedad a la que se hace referencia, coloquialmente “la enfermedad del beso”, tiene nombre más rimbombante, técnico, científico: mononucleosis. Los médicos consultados por este portal explican que se produce por el virus del “Epstein barr”, que genera males similares a los de un fuerte cuadro gripal, produciendo fatiga, dolor de cabeza y de articulaciones. Este virus se trasmite por medio de la saliva o el contacto con algún objeto infectado y se presenta 30 a 40 días después de haberla adquirido.

Hace unos meses la ciclista colombiana de BMX Mariana Pajón sufrió un bajón en su desempeño en la copa mundo de su categoría, lo que le impidió luchar por el podio. Días después se conocería que también padecía la extraña enfermedad “del beso”, lo que la mantuvo alejada un corto tiempo de las pistas.

La enfermedad es tratable y sus “víctimas” suelen recuperarse completamente, aunque tiende a ser un virus que permanece en el cuerpo y se puede reactivar ante una baja de defensas. Por ahora, “chavito” trabaja en su recuperación, mientras sigue la carrera por televisión, haciéndole fuerza a sus coterráneos, especialmente a NAIRO QUINTANA, su amigo. También aprovecha el tiempo para seguir de cerca los pedalazos de su equipo de ciclismo. Hace poco estuvo en Bogotá, en la cuarta edición de la clásica que lleva su nombre y que se celebra en el marco del Festival de Verano. Tras un circuito en el que participó su escuadra, manifestó que se encuentra mejor y con ganas de regresar pronto a montarse en su bici.

Ya varios de nuestros más connotados deportistas que triunfan en el exterior, están tomando medidas para evitar caer en las garras de la enfermedad “del beso”, especialmente aquellos que vienen al país por cortas temporadas. Algunos futbolistas, por ejemplo, temen haber regresado a sus clubes donde laboran, llevándose el virus.

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La Crónica

El fútbol colombiano busca goleadores

Luis Felipe Espitia Castiblanco

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Si se cumpliera literalmente la máxima universal según la cual “Goles son amores”, la Colombia futbolera estaría atravesando por una crisis de desamor. El torneo más importante de nuestro país, que acaba de cumplir 70 años desde su primer campeonato, pasa por una sequía de goles. Los goles, la máxima pasión de este deporte. Los goles,  el fin último de todos los equipos a la hora de planear los torneos, fijar metas y desarrollar las tácticas de juego. Al fin y al cabo, son los goles los que dan las victorias y las victorias lo que hacen grandes los equipos.

Un delantero ideal busca su prestigio y cotización en lograr muchos, muchos goles.  O no? Ejemplo, CRISTIANO RONALDO. Los goles causan euforia, pero lastimosamente en Colombia este año el torneo local, que ya casi llega  a su primera mitad, ha visto desdibujado este objetivo, pues el número de dianas anotadas está por debajo del promedio. En el primer torneo, el que se disputó entre enero y junio, ganado por el Deportes Tolima,  se logró batir el que era tenido en cuenta como el de peor promedio de todo la historia, al lograrse un registro de 2,09 goles por partido.

Pero, a juzgar por los primeros resultados, el inicio del nuevo semestre futbolero no es nada esperanzador. En los  primeros 40 partidos jugados, se han anotado 76 goles, lo que representa un promedio de 1.9 por partido. De continuar esta tendencia, el fútbol colombiano volvería al récord de más bajo en anotaciones. Así las cosas, por ahora, se podría hablar de una triste cifra de goles.

Lo que más preocupa y lama la ateción es que los jugadores llamados a anotar los goles, es decir los delanteros, los llamados “Número Nueve”, no están anotando, como por regla general debe ser. Paradójicamente lo están haciendo los centro campistas y defensas. El último de los considerados goleadores “Pura sangre” en ganar la distinción de “Máximo goleador de un torneo, fue el tolimense Dayro Moreno, del Atlético Nacional de Medellín, con apenas 14 goles. El equipo verdolaga disputó la final del torneo, lo que implica que jugó muchos más partidos que otros equipos incluso más goleadores. Pero, el “Verde verde” no promedió ni  1 gol por partido.

Hace poco, el técnico del Deportes Tolima, último campeón del torneo, manifestó que el bajo promedio se debía a la rápida salida de los delanteros al fútbol internacional, y al miedo de los equipos a perder, lo que explicaría las estadísticas. Los equipos juegan cuidando su promedio para no descender, lo que hace que muchas veces el juego sea muy defensivo. La otra apreciación sobre los delanteros es otra triste realidad, que pasa por lo mercantil. Un jugador que tenga destellos de crack y haga 10 goles, inmediatamente se lo llevan al fútbol internacional, lo que deja sin continuidad los procesos y las ganas de un jugador de hacer historia en el rentado nacional.

Esto explica porqué razón, los goleadores colombianos como FALCAO, todos permanecen en el fútbol de afuera, en Argentina, México y Europa principalmente. Jugadores que casi nunca regresan al país, pues terminan sus carreras en esos torneos, en países donde además fijan su residencia y negocios multimillonarios.

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