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La Crónica

Un cuarto de siglo después, los ESCOBAR siguen arrastrando el lastre de un apellido que ya no tienen

Redacción

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Días antes de que PABLO ESCOBAR GAVIRIA fuera ubicado y abatido por un grupo especial de asalto, en Medellín, su familia se vio obligada a iniciar un periplo por el mundo, en busca de protección. Ningún país quiso recibir a los herederos de quien entonces era considerado el hombre más buscado del mundo, el capo más poderoso del planeta y señalado como el más sanguinario. Primero fueron su esposa MARÍA VICTORIA HENAO y sus hijos JUAN PABLO y MANUELA, quienes, bajo protección estatal, fueron confinados en un hotel de Bogotá, antes de intentar viajar hacia Europa. Luego su sobrino NICOLÁS, hijo de ROBERTO ESCOBAR, quien alcanzó a llegar a Alemania, de donde fue devuelto por las mismas razones. El entonces joven, sobrino preferido del capo, se declaró ante los medios como “un judío errante”. El lastre del apellido.

Tras la muerte de PABLO ESCOBAR, en diciembre de 1993, su viuda y sus hijos desaparecieron del mapa, o por lo menos eso fue lo que se dijo entonces. Años después aparecerían en Argentina, en 1999, donde fueron literalmente “pillados” por agencias de investigación de ese país, que de inmediato los reseñaron como “personas de alto riesgo”. Lo que se sabría más tarde es que la viuda del otrora “capo de capos” había llegado con la intención de invertir sus ahorros en prósperos negocios. Quedaron en el radar de las autoridades de ese país, pese a que llegaron allí estrenando nuevas identidades, con nuevo apellido: ella, MARÍA ISABEL SANTOS CABALLERO, y él, JUAN SEBASTIÁN MARROQUÍN. Estuvieron presos por no declarar el dinero que pretendían ingresar.

 

En ese momento se especuló con que arribaron a Buenos Aires llevando consigo las maletas repletas de los dólares que su esposo y padre les había dejado enterrados en caletas, cuya ubicación solo ellos habrían conocido de boca del capo, como una forma de asegurarles un futuro en el que para pudieran vivir sin penurias ni problemas el resto de su existencia. Esta versión fue tajantemente negada por ellos mismos, nunca confirmada por las autoridades, por lo que, con el paso de los años, se convirtió en leyenda y mito.

Desde su llegada a Argentina, se tejieron alrededor suyo muchas versiones que los vinculaban con movimientos sospechosos, aunque ante la cruel realidad de que el solo hecho de ser los herederos naturales del jefe del “Cartel de Medellín”, los convertía en sospechosos. Poco a poco Argentina se fue asimilando a ellos y ellos a Argentina, pese a su incómoda situación  de saberse como los “sospechosos por siempre”. De hecho, viajarían de nuevo a Colombia y su vida se fue haciendo cada vez más pública, menos clandestina. Cuando en el 2003 fue exhumado el cadáver del capo, en un cementerio de Medellín donde fue sepultado, la viuda estuvo presente durante la ceremonia. Posteriormente su hijo, el renovado señor MARROQUÍN, también quiso

 

 hacerse más visible. Primero escribiendo un libro de sus memorias en el que afloró su arrepentimiento por los hechos violentos suscitados por su padre, y luego en un documental que reunió a varias de quienes fueron sus víctimas o familiares de los muertos que dejó su accionar terrorista.

Otra vez en la mira, con un nuevo jugador

 

En los últimos días, y después de un par de años manejando “el bajo perfil”, los ESCOBAR volvieron a salir en los medios nacionales de Argentina y del sur del Continente, y claro está, en los de Colombia, por cuenta de unas fotografías que los muestran en diferentes actividades sociales en la capital. Pero más allá de su reaparición, la prensa del sur los salpica con un nuevo escándalo de posible lavado de activos, en el que aparecen salpicados los dos nom bres de dos recordados colombianos, uno de ellos un otrora aliado de PABLO ESCOBAR en la década de los ochentas, un ganadero antioqueño que durante varios años estuvo en el radar de la DEA. Se dice ahora que dinero suyo llegó a Argentina, a través de una triangulación de negocios aparentemente legales. Se dice también, que este hombre de dudoso pasado, fue presentado a varios empresarios guachos por parte de la viuda de ESCOBAR. El otro nombre, quizás el más llamativo, es del jugador de fútbol MAURICIO “CHICHO” SERNA, ex ídolo del Club Boca Juniors y centro campista de la Selección Colombia y campeón con el Atlético Nacional, en su época de oro.

 

La revista argentina “GENTE” ubicó a la viuda de PABLO, también conocida como “La tata”, mientras paseaba por las calles del popular barrio “palermo de la capital gaucha. Igual fue captada la hija del capo, MANUELA, a quien se le nota ligeramente pasada de kilos, tras varios meses de haberse casado allí. Por lo, que se sabe, desde el año 2017 un juez abrió una nueva causa penal, que parecer enredar de nuevo a la viuda y a los otros dos personajes.

 

Dice la publicación que los investigadores están convencidos de que la esposa y el hijo del extinto PABLO ESCOBAR, “serían el enlace entre el abogado argentino MATEO CORVO DOLCET y el narco colombiano JOSÉ BAYRON PIEDRAHITA CEBALLOS”, a quien reseñan como integrante del Cartel de Cali, según la DEA. Este presunto capo, según la misma publicación, habría invertido casi tres millones de dólares en un proyecto inmobiliario liderado por el abogado CORVO DOLCET.

En el ya voluminoso expediente del juzgado federal, aparece también el nombre de  MAURICIO “CHICHO” SERNA. Dicen los medios argentinos que “el magistrado tiene la presunción de que el exjugador brindó una contribución esencial al delito que llevó a cabo la organización”. El abogado ya ha pasado por prisión, mientras que PIEDRAHITA CEBALLOS aparece como detenido en Colombia con fines de extradición a Estados Unidos.

Pero, cuál es el enlace con la viuda de PABLO ESCOBAR? Un documento encontrado en la casa del abogado, allanada por la Policía, en el que se revelaría el pago de una supuesta comisómn que el abogado les habría reconocido a MARÍA ISABEL SANTOS, “la Tata”, y a su hijo SEBASTIÁN, por el simple hecho de haberles presentado al narco colombiano. Se habla de una comisión de cien mil dólares. El ex futbolista SERNA aparece mencionado como amigo de ambos, por lo que fue citado a indagatoria por el juez.

La Crónica

El fantasma de JAIME GARZÓN que asustaba a CARLOS CASTAÑO

Redacción

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El día que le notificaron que “la vuelta de Betún” había salido bien, el jefe paramilitar CARLOS CASTAÑO celebró con Wisky 18 años. “Betún”, era el remoquete con el que el entonces capo de las Autodefensas se refería al humorista y periodista JAIME GARZÓN. El negro “Elkin” era un sanguinario sicario de la banda La Terraza, a quien Castaño, personalmente, confío la ejecutoria del plan criminal.

Ese día, CASTAÑO se encontraba refugiado en una de sus fincas más preciadas, acompañado únicamente del entonces ideólogo político de las Autodefensas, IVÁN ROBERTO DUQUE, alias “Ernesto Báez”. En la noche, el capo paramilitar bebió wisky hasta el amanecer, de forma desenfrenada, una de las facetas más aterradoras de su perfil criminal. Según lo relató  DUQUE a la Justicia, cuando CARLOS CASTAÑO bebía, había que pagar “escondederos a peso”. Se trataba de faenas que casi siempre terminaban de forma brutal, agresiva. El propio DUQUE fue víctima de una de las iracundas reacciones del jefe paramilitar: un día le pegó con la cacha de su revolver personal en la frente. “Cada que me miro al espejo me acuerdo”, suele decir.

Aunque el asesinato de GARZÓN ocurrió en la mañana del 13 de agosto de 1999, CASTAÑO conocería los detalles de ese plan criminal días después, cuando el sicario “Elkin” pudo llamarlo, luego de escapar y mantenerse oculto antes de regresar a Medellín, donde tenía su centro de operaciones y era resguardado por La Terraza. CASTAÑO escuchó atento, visiblemente emocionado, el relato que el asesino le hizo sobre la forma como ejecutó el plan, y especialmente la manera como accionó el gatillo en varias oportunidades contra la humanidad del periodista. “Qué cara puso el betún”, le preguntó al asesino.

“Le toque la ventana de la camioneta y le pregunté si era el mismísimo Jaime Garzón, y él me dijo que sí, pensado que le iba a pedir un autógrafo, y ahí fue”, le habría relatado el negro “Elkin” a su patrón.

Esa misma noche, CASTAÑO invitó al asesino a su finca a celebrar, así como a los otros dos hombres que lo acompañaron en el ataque sicarial. Quería escuchar más detalles, antes de agradecerles, estrecharles la mano, brindar con ellos y cumplirles con la paga. A “Elkin”, le pagó con una de sus fincas. El sicario siempre estuvo enamorado de ese predio, con el que soñaba ser su dueño para celebrar allí rumbas de droga y sexo.  El sueño se le hizo realidad. Unos meses más tarde, “Elkin” recibió la finca y la inauguró con una súper rumba con mujeres, marihuana y perico. Pero ese mismo día sellaría su suerte, por culpa de un craso error que cometió, el único que no podía cometer, algo que para su patrón se constituyó en la pita que lo podría ligar con el magnicidio. Uno de sus crímenes que jamás estaría dispuesto a reconocer. De hecho, CASTAÑO se llevó ese secreto a la tumba.

Cuando CARLOS CASTAÑO quiso saber qué había hecho Elkin con el arma homicida, el sicario siempre le respondió con evasivas. Hasta un día en que, ne medio de una “traba”, le confesaría a uno de sus “parceros” de La Terraza que le había vendido el arma automática a un policía. En cuestión de horas el secreto llegó a oídos del jefe paramilitar. Para CASTAÑO, semejante revelación se convirtió en un obsesión enfermiza, consciente de que a través de un arma se puede llegar al autor de un crimen, siguiendo la huella de las vainillas que suelen quedar abandonadas en la escena de un crimen. La orden de Castaño era que le entregaran el arma y el negro Elkin no pudo cumplirle. Ordenó matarlo, más con la intención de borrar esa pista que condujera a los investigadores a su señalamiento como autor intelectual del magnicidio. El sicario podría ser un testigo de cargo. Un peligro ambulante

Y lo mató personalmente según consta en testimonios en poder de la justicia colombiana. Matar personalmente a ciertas personas, era una forma de poner su sello personal, una manera de cerrar capítulos con candado y botar la llave. Pidió que un escuadrón lo secuestrara durante la fiesta de inauguración de la finca. Se lo llevaron y él mismo se encargó de ajusticiarlo con un tiro en la frente, a su mejor estilo: luego de abrazarlo fraternalmente. Los otros sicarios también corrieron la misma suerte. Pero el arma jamás apareció.

Lo odiaba como a nadie

CARLOS CASTAÑO ordenó matar a JAIME GARZÓN, más allá que por sus posturas políticas, por el odio visceral que le tomó por las ridiculizaciones que hacía desde su programa de humor y sátira, en el que muchas veces el blanco era un personaje “paraco” que podría ser el propio CASTAÑO. Pero también jugaron otros factores. Este 14 de agosto cuando se conoció la noticia de la condena de 30 años que un juez dictó contra el ex jefe del DAS JOSÉ MIGUEL NARVÁEZ, quedó claro que varias personas pudieron haberle sembrado intrigas al jefe paramilitar, sembraron la semilla que germinó en el odio y la predisposición contra GARZON. Según las conclusiones, le entregaban información según la cual el humorista era miembro de la guerrilla, cobraba por liberación de secuestrados en poder de las FARC y que también desacreditaba a los altos mandos militares. Uno de tales instigadores fue, según el fallo judicial, el ex director del DAS. A las investigaciones también se han arrimado evidencias e indicios que señalan a otros personajes que “le hablaban al oído” a CASTAÑO y le aconsejaban qué tipo de decisiones tomar. Incluso periodistas, políticos y empresarios antioqueños.

El fantasma de GARZÓN

Cuenta el mismo BÁEZ que luego de la tormenta y el movimiento social de protesta que originó la noticia del asesinato de JAIME GARZÓN, los días y noches de CARLOS CASTAÑO se convirtieron en un infierno. El jefe paramilitar no esperaba que el magnicidio generara tanto rechazo, especialmente después de que las primeras pistas apuntaran hacia él. Los señalamientos lo acorralaron, a tal punto que decidió que en privado y en público negaría  rotundamente cualquier tipo de sindicación. Las implicaciones que el hecho tendría para su imagen en el exterior, podrían ser catastróficas.  Especialmente en Estados Unidos, hacia donde ya miraba ante un posible sometimiento. El complejo de culpa hizo mella en su ego. La orden que dio fue la de borrar toda huella que condujera a su nombre. Negar tajantemente su participación o de las autodefensas, se le volvió un trastorno. En las noches, la mente y el cargo de conciencia también comenzaron a jugarle emboscadas.

Cuenta BÁEZ que a partir de esos momentos fue cuando más confundido lo empezó a ver. Más agresivo lo notó. Más bebedor de Wisky. Se quedaba hasta altas horas de la noche escuchando música clásica y bebiendo licor y a veces fumando marihuana. En las madrugadas, sin siquiera la compañía de sus escoltas, se iba a cumplir largas caminatas por los extensos predios de su finca, huyéndole a las pesadillas. Alguna vez confesó que soñaba con JAIME GARZÓN. Que se le aparecía al lado de la cama y le hablaba. Muchas veces se levantaba de un momento a otro y salía a caminar hasta la entrada de los primeros rayos del sol. La noche lo aterraba. El día lo apaciguaba.

La conciencia empezó a jugarle una mala jugada. BÁEZ cree que parecía como loco. Gritaba más de lo acostumbrado y daba órdenes incoherentes y contradictorias. Se volvió paranoico. Mató incluso a una de las mujeres que más amó en su vida, por cuenta de “chismes” que le llevaron sobre ella, según los cuales era una infiltrada de las FARC. Meses más tarde, otros tres hechos inesperados terminarían por acorralarlo: el pedido de extradición de Estados Unidos, la enfermedad de su última hija que nació con una de esas “enfermedades huérfanas”, y la guerra a muerte con su propio hermano y la cúpula del movimiento paramilitar, en plenos diálogos de paz con el gobierno URIBE.

Antes de su desaparición, alcanzó a sacar del país a su última esposa y su hijita enferma, buscando tratamientos médicos especializados en Estados Unidos, a donde llegaron legalmente tras un arreglo “por debajo de la mesa” con las autoridades de ese país. Antes, ya había sacado a otro hijo que tuvo con una reportera judicial, un niño que, según dicen sus allegados, “es la misma estampa de Carlos”. La periodista lo visitó una vez en su campamento con la supuesta misión de entrevistarlo, y esa misma noche durmió con él. Luego, seguiría visitándolo en medio de un enamoramiento fugaz, para lo cual otras dos colegas de la reportera la llevaban hasta Cartagena con la “fachada” de un paseo de fin de semana, donde una lancha la recogía para llevarla hasta una de las fincas.

CARLOS CASTAÑO se fue de este mundo arropado con el manto de la impunidad respecto a la autoría intelectual del crimen de JAIME GARZÓN. Murió aislado. Solo. Acribillado, descuartizado y enterrado en una fosa común, como muchas veces lo hicieron sus sicarios de confianza cumpliendo sus órdenes. Atravesado por las balas, sin poder defenderse.

La Justicia colombiana trata ahora de seguir halando el hilo que conduzca hasta los asesores de CARLOS CASTAÑO, los que le hablaban al oído y le aconsejaban matar o secuestrar según el caso, a quienes consideraba sus enemigos. Ya cayó el primero, el señor NARVÁEZ, un considerado “duro” en seguridad privada, estrategia de guerras y expositor de ideas de ultraderecha. La Fiscalía cree tener evidencias de que hay más.

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BAM. Saben los bogotanos qué significa, o para qué sirve?

Luis Felipe Espitia Castiblanco

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¡BAM! A primera vista estas letras suenan a un sitio de rumba, un bar, o algún evento musical juvenil. Pero, nada que ver. BAM, simplemente, significa BRIGADA DE ATENCIÓN A MONUMENTOS.  Poco se sabe de esta singular idea, porque poco se ha publicado sobre  ello. Lo cierto es que cumple una importante labor en la ciudad, pues se dedica nada menos que  al cuidado de monumentos y sitios emblemáticos de la ciudad.

Bogotá cuenta con aproximadamente 350 esculturas o monumentos, dedicados al arte, la política y la historia de la capital y del país. Pero ante la cada vez más cotidiana aparición de vándalos, las autoridades se vieron en la necesidad de crear esta especie de “cuerpo élite” de protección. La idea es vigilar para que estos trabajos artísticos no sean blanco de violentos y vándalos que confunden el arte con grafitis vulgares y dañinos que para nada representan cultura y respeto de sus ciudadanos.

Para contrarrestar estos actos callejeros que ya se habían convertido en un problema de sumo interés para los capitalinos, hace 8 meses las autoridades echaron a andar la estrategia de crear este equipo especializado, gracias a la iniciativa del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC). El BAM lo componen expertos en restauración y técnicos del Instituto, que hacen parte de la brigada que además se encarga de vigilar y prevenir ataques a los monumentos. A la fecha se han realizado casi 100 intervenciones en diferentes sitios de la ciudad. Pero hay casos de estatuas que han sido objeto de estos actos vandálicos en varias ocasiones, como por ejemplo el monumento al libertador Simón Bolívar, que este año ya ajusta cinco agresiones, es decir igual número de restauraciones y acciones de limpieza por parte del BAM.

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Qué significa “monda”?, la típica expresión costeña que es “tabú” en el interior

irina gastelbondo castro

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La palabra “Mondá”, así como suena, con tilde en la “a”, es tan típica y usada en la Costa Caribe, como tabú en ciudades como Bogotá, donde su uso es casi que una grosería. En ciudades como Cartagena o Barranquilla, por poner ejemplos, “Mondá” es utilizada por hombres y mujeres por igual. No tiene estratos. Es popular, masiva. Es casi como un patrimonio verbal de esa zona caribeña y desabrochada. Pero, en realidad, que significa? es grosera o es simplemente un modismo, un colombianismo?

Qué es y por qué es tan frecuente en la jerga de los costeños? Resulta que “monda” viene de la expresión francesa “MON DIEU” que significa DIOS MIO; pero los costeños la usan en su dialecto para expresar cualquier cantidad de sentimientos, ejemplo: exageración, rabia, alegría, burla, etc., muy cotidiana en las conversaciones, en el día a día.

A continuación daremos una serie de ejemplos sobre cómo la palabra “Mondá” es frecuentemente utilizada para expresar situaciones o circunstancias. Sus mil y un usos:

Distancia muy lejos: Esa MONDÁ queda muy lejos

Sentido de orientación: No sé dónde queda esa MONDÁ

Valor gastronómico: Coma MONDÁ

Para los tramposos: Me vas a tener que chupar la MONDA

Adjetivo calificativo: No vales una MONDÁ

Escepticismo: No te creo una MONDÁ

Sexo: Le enterré la MONDÁ

Ignorancia: No sabes una MONDA

Accidente: Quedó vuelto MONDÁ

Efecto visual: No se ve una MONDÁ

Especulación: Y esa MONDÁ qué es?

Mentiroso: No te creo ni una MONDÁ

Despecho: Mándalo a comer MONDÁ

Mecánica: Esta MONDÁ no sirve

Volumen (decibeles): Súbele a esa MONDÁ, o bájale a esa MONDÁ

Hay quienes aseguran que “Mondá” está directamente relacionada con el miembro sexual masculino, especialmente en el interior del país, donde la expresión es sinónimo de vulgaridad. De hecho, así lo aseguran casi todos los hombres costeños a los que se les pregunta y responden gráficamente llevándose las manos a sus partes viriles. Lo cierto es que también es usado frecuentemente por mujeres, jóvenes, maduras y hasta de la tercera edad. Infinidad de analogías y comparaciones, pero prácticamente exclusivo del vocabulario callejero. Por eso, cuando vuelva a escucharla fuera del Caribe colombiano, tenga en cuenta que no lo están ofendiendo sino que está escuchando una expresión de la cultura caribeña.

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